viernes, 29 de diciembre de 2006

LA MISTERIOSA LLAMA DE LA REINA LOANA, de Umberto Eco. I


EL PLACER DE RASCARSE LOS HUEVOS.

Voy a ver si antes de que terminen las vacaciones de Navidad puedo ponerme al día con los deberes de Cipri y leerme la última de Eco, que me la ha prestado. Lo cierto es que no pensaba leerla, o al menos no tenía prisa, ya que las dos últimas novelas de Eco me habían cansado un poco. Tanto La isla del día de antes como Baudolino me provocaron la misma sensación: un inicio y primera parte fenómenales y un cierto cansancio y ganas de que pasen las páginas y acabe la historia a partir de cierto momento. Nada que ver con El péndulo de Foucault, que, pese a lo que digan algunos, sigue siendo para mí una de las mejores novelas que he leído de principio a fin. Tal vez por eso tenía dudas y no me decidía a acometer esta lectura, hasta que una vez más Cipri, en una de sus geniales charlas, me dijo que tenía que leerlo, que no es el péndulo pero merece la pena.

De Umberto Eco ya doy por sentado algo, y es que me gusta como escribe. Eso lo he vuelto a sentir en las primeras páginas de La misteriosa llama... (voy por la 60 tras mi primera noche de lectura). De momento me encanta la manera de expresarse del protagonista, con su mente en blanco en lo que respecta a su pasado íntimo pero repleta de citas textuales que engarza a cada momento para expresar sus ¿sentimientos? Mira por donde, el argumento de esta novela tiene algo en común con el de El libro negro de Pamuk: otro personaje en busca de sí mismo.

De lo que llevo leído me quedo con el genial pasaje en el que el protagonista describe el inmenso placer que siente un hombre al rascarse los huevos (perdón, el escroto). No creo que haya muchas líneas en la historia de la literatura que hayan abordado este tema, pero leer este pasaje y desear rascarse los huevos es todo uno. Por cierto, ¿qué acto femenino será comparable a este placer solitario e íntimo de los hombres? Bueno, lo mejor es que os ponga la cita:

"Me desperté otra vez. Quizá porque en sueños me estaba rascando la ingle y el escroto. Bajo las mantas había sudado. ¿Llagas de decúbito? La ingle es húmeda, y si le pasas las manos de manera demasiado enérgica, tras una primera sensación de placer violento, sientes una rozadura desagradable. Con el escroto es mejor: te lo pasas entre los dedos, yo diría delicadamente, sin llegar a apretar los testículos, y notas algo granuloso, y ligeramente velloso; está muy bien lo de rascarse el escroto, el picor no se te va enseguida, es más, se vuelve más fuerte, pero así te da más gusto seguir. El placer es la cesación del dolor, pero el picor no es un dolor, es una invitación a darse placer (...) Extraño asunto, el picor. Y mis cojones. Cojonudo. Tiene un buen par de cojones".

Ahora os dejo porque voy a rascarme un rato el escroto antes de ponerme a trabajar en mi base de datos de delitos juzgados en la Chancillería de Granada entre 1495 y 1510. Por cierto, en esa documentación sí que hay argumentos para llenar páginas y páginas de literatura realista o picaresca. Para quien pueda interesarle, voy colgando algunas cosillas sobre el tema y fragmentos de transcripciones en mi blog CRIMINALIA. Pasaros y echar un vistazo.

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